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Soy una chica que arruga la nariz cuando sonríe

31/01/2014

Ayer tuve mis últimas clases con los grupos de Artista, creatividad y educación (asignatura que imparto en el grado en Bellas Artes durante el primer cuatrimestre), el último de tres intensos días en los que los alumnos han puesto en común sus proyectos de las formas más variopintas: talleres, teatro, clases magistrales, juegos, baile… En uno de ellos, teníamos que colocarnos frente a otra persona e ir describiéndola poco a poco, con frases cortas que esta tenía que repetir haciéndolas suyas, y yo terminé diciendo cosas como “soy una chica que arruga la nariz cuando sonríe” “mis labios son reflejo de una risa que cuando sale explota” “cuando sonrío me salen como dos paréntesis a los lados de la boca y un hoyuelo en la mejilla derecha”… y es que este cuatrimestre he sonreído y reído mucho en clase.

Empecé a dar clase en la universidad joven, cuando mi hermano, sus compañeros, e incluso muchos de los míos, seguían siendo alumnos, y un día me planteé “¿cómo me visto cuando vaya a clase?”. Podría haber elegido ropa seria, un poco más “adulta” o elegante, pero creí que sería absurdo haberme vestido hasta entonces con mis vaqueros, mis zapatos cómodos y una chaqueta de punto de colores saturados, y disfrazarme de profesora para dar clase a quienes habían compartido mesa conmigo en la cafetería el año, el mes o el día anterior. Y es que, para lo bueno o para lo malo, soy como soy y no puedo evitar intentar estar siempre a gusto y que la gente a mi alrededor lo esté, no puedo evitar la necesidad de ser cercana, el tocar a la gente cuando tengo confianza, el llamar “cariño” a quienes comparten conmigo un buen número de horas a la semana,… y aunque a veces me salga en clase (y en otros lugares) la vena autoritaria, y me coloque un tricornio gigante para dar las normas de la asignatura, no puedo y no quiero evitar ser así también en el aula. No es por postura, por innovar, por romper, no es por que lo digan otros, … hace tiempo que creo que prácticamente cualquiera que, en cualquier momento, haya meditado sobre cómo se aprende mejor y haya amado la enseñanza, ha llegado a conclusiones similares: se aprende más cuando se está bien (y quiero pensar que si yo lo estoy, mis alumnos también lo estarán).

Por eso este curso comenzó como un reto, el reto de volver a dar clase a solas, ya que llevaba tres cursos compartiendo asignatura con Marta García Cano. Cuando una lleva tanto tiempo compartiendo docencia con la misma persona, y más cuando en esa docencia las cosas fluyen como fluían, es complicado volver al aula sola, y lo mínimo que puede pasar es hacer pensar a los alumnos que tienes personalidad doble (“lo que queremos que hagáis”, “lo que vamos a daros en clase”, “al final del curso nos tenéis que entregar”,…). Dar la clase sola es no tener la seguridad de una réplica, de una idea que amplía y apoya,… es depender más de los alumnos, y yo necesitaba volver a sentirme a gusto sin un punto de apoyo tan fuerte y tan asegurado. La asignatura empezó con una gran mesa, galletas, un tricornio de cartón, un ovillo de lana y 24 puntos en la aguja. A lo largo de los meses las filas del tejido fueron creciendo, y con ellos los puntos de apoyo en el aula. El tiempo de tejido es el tiempo en el que la clase se ha “dado” sola, en el que todos hemos hablado, compartido, reflexionado, criticado, reído,… juntos, es el tiempo en el que yo he aprendido tanto o más que mis alumnos.

Las preguntas ayer, en el último día de clase, eran dos. La primera ¿cuánto mide la bufanda? Según #tiempoypunto, la bufanda mide 4 meses, o 12 créditos, o dos grupos de clase, o unos 70 alumnos, o incontables conocimientos, o alguna pequeña contractura o unas cuantas arrugas más en la nariz. La segunda ¿qué vas a hacer con la bufanda? Para esta aún no tengo respuesta, quizás los próximos alumnos me den la respuesta.

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3 comentarios leave one →
  1. Jaume permalink
    01/02/2014 18:34

    Felicidades por la bufanda. Una de las mejores metáforas de la docencia: artesanía, paciencia, tejiendo y destejiendo, proceso…

    • 01/02/2014 19:47

      Gracias Jaume. Me ha encantado lo de tejer y destejer, porque, de hecho una de las ideas que tengo para la bufanda es deshacerla en la primera clase con mi siguiente grupo y volver a tejerla…

      • Jaume permalink
        01/02/2014 20:03

        Pues he ido a comprar dandole vueltas con el futuro uso…mi abuela había llorado más de una vez por tener que destejer… a mi me divierte ver un ovillo “apermenentado”

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